Valle del Cauca

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Buenaventura

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Resistir para el buen vivir: la apuesta de las jóvenes de Buenaventura

“En medio de esos detractores, uno es esa luz y trabaja por hacer cosas que mi comunidad necesita”, dice Lucy Siberiana Sánchez, una jóven afro feminista, de Buenaventura, municipio de Colombia  en el que está ubicado el principal puerto del país y uno de los 10 más importantes de América Latina.
 
A pesar del papel tan importante que tiene Buenaventura para el comercio y la economía de Colombia, a sus habitantes los azota la violencia, la pobreza, los altos índices de homicidios y la falta de una educación de calidad, sobre todo a los jóvenes que se sienten vulnerables ante la falta de oportunidades.
 
Sin embargo, la esperanza vive en cada una de esas juventudes que se levanta todos los días para transformar su comunidad, como Lucy.

Hablar de ella, “es hablar de responsabilidad, de compromiso, del querer hacer la cosa, el motivarse día a día por ser una persona de mucha resistencia”, así se define esta hija adoptiva de Buenaventura.

Es la única de sus 10 hermanos que trabaja por la transformación social y por el empoderamiento de los jóvenes. Nació en Tumaco, pero desde muy pequeña habita las calles de Buenaventura. Reconoce que ser líder social y joven en este municipios es estar siempre en riesgo y en la mira del otro, pero que gracias a ese trabajo social puede incidir y transformar la vida de muchos jóvenes que no encuentran refugio en su comunidad.

“Al día de hoy, gracias a Dios, yo he estado en territorios bien inhóspitos, bien complejos, un poco marginados también por situaciones de Estado y que no se mira como con el enfoque y con el horizonte que se debiera hacer frente a cumplimiento y necesidades, pero yo digo, esto es lo mío, yo nací para esto, estoy con esto y muero con esto”, cuenta Lucy.
 
Otra de esas jóvenes es Marleen Garcés, quien también se define como líder jóvenes con enfoque feminista. El trabajo de Marleen está direccionado a las artes, la cultura y el empoderamiento femenino como herramientas de resistencia y transformación social. 
 
“El arte como una resistencia política que nos permite transformar realidades en nuestro territorio, salvaguardar vidas, proteger y denunciar lo que pasa en nuestros territorios, pero también sanar, a través del arteterapia, desde lo psicoespiritual”, narra Marleen.
 
Estas dos jóvenes hacen parte del proceso social Ambulua, una organización que trabaja con los y las jóvenes de Buenaventura con el objetivo, justamente, de llevar y guiar a los jóvenes a una vida libre de violencias.
 
Para Marleen, trabajar con jóvenes ha significado dejar huella, sembrar una semilla de esperanza y de transformación, ha sido otra manera de relacionarse entre la misma comunidad y derrumbar imaginarios violentos y machistas, en este caso, a través de la campaña Parece normal pero es violencia, una iniciativa de jóvenes para jóvenes con la cual se quieren transformar imaginarios sociales acerca de cómo debe ser la mujer y las violencias basadas en género a las cuales son sometidas.
 

Una apuesta por construir paz

La apuesta de los y las jóvenes de Buenaventura es vivir en un territorio libre de violencias y con garantías para todos y todas, es disfrutar del buen vivir. Y es que en este puerto, durante el 2020, se registraron 111 homicidios violentos y para el primer semestre de 2021 ya se reportaban 130 casos, en donde la población juvenil fue la más afectada.

Para Lucy, la construcción de paz en Buenaventura debe partir fundamentalmente de una base educativa sólida e incluyente, que permita unificar a toda la población y mitigar las acciones violentas desde la educación.

“Y además de educar, ser personas que trascienden ya habiendo conocido un proceso más allá de lo real, estar en un lugar, participar de él, ser artífice, ser gestor, ser esa persona elocuente y coherente”, señala Lucy.

Para esta mujer también es muy claro que la construcción de paz nace desde cada una de ellas. Por eso el autocuidado es una herramienta fundamental para garantizar su permanencia y proyección en el territorio. Este autocuidado, como lo define Lucy, debe partir del conocimiento del contexto del lugar en el que se está, de las palabras y expresiones que se dicen y de la importancia de trabajar en colectividad para salvaguardar la individualidad.

La mirada de Marleen no dista de lo ya mencionado por Lucy. Para ella, la paz se construye desde todos los rincones de Buenaventura, desde la capacidad para desarrollar
libremente su cultura ancestral desde el poema, la canción, el teatro, el fútbol y todo lo que los y las jóvenes desarrollan en los territorios.

“Creo que también hay que tener un compromiso por arreglar una realidad de un territorio en el que nosotros vivimos cuenta Marleen en el que nosotros perdemos hermana y que perdemos familiares, y entonces construir paz es seguir promoviendo estas acciones que permiten que podamos a hablar de arte, la cultura, el deporte y todo eso bonito que tenemos por fortalecer”.

Escucha las voces de las personas que construyen paz en Buenaventura