En América Latina y el Caribe (ALC), la desigualdad climática se manifiesta tanto en la distribución desigual de las emisiones de CO2 como en la de los impactos de la crisis. Las personas más ricas son responsables de la mayor parte de las emisiones, pero son quienes menos sufren sus impactos, ya que pueden comprar protección para blindarse. Por el contrario, las personas que viven en condición de pobreza, que son las que menos han contribuido con la huella de carbono, sufren con mayor intensidad esos impactos y, con cada desastre climático, sus recursos para enfrentarlos se reducen. Esta es la brecha del desastre climático que sigue creciendo.
A nivel regional, la brecha de desigualdad en las emisiones de gases de efecto invernadero también se reproduce. Según datos de Oxfam, el 0.1% de las personas más ricas de ALC emite 54 veces más CO2 que una persona promedio de la región.
La desigualdad de los impactos climáticos también evidencia una brecha alarmante. Según el análisis de Oxfam con base en datos del Banco Mundial, el 13 % de la población de ALC (aproximadamente 78 millones de personas) se encuentra en una situación de alto riesgo frente a la crisis climática.4 Se trata de una población cuya vulnerabilidad se ve incrementada por las condiciones de pobreza y exclusión y cuya tasa de riesgo es 11 veces mayor que la de los países de renta alta.
Mientras las personas ricas se blindan ante los desastres climáticos, comprando su propia protección, la mayoría de la población ve cómo cada choque erosiona su resiliencia y su capacidad de adaptación, concentrando las pérdidas y los daños en las poblaciones tradicionalmente más marginadas, particularmente: los pueblos indígenas, la población campesina y las comunidades afrodescendientes. En estos grupos, las mujeres y las niñas experimentan una afectación aún mayor, en tanto concentran múltiples formas de desigualdad, discriminación y violencia que buscan debilitar su capacidad de liderazgo y restringir el pleno ejercicio de sus derechos.
De acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), ALC ha sido la región más desigual del mundo por los últimos 30 años,6 lo cual ha tenido una clara incidencia en la distribución inequitativa de los riesgos del cambio climático. Las profundas desigualdades que persisten en la región determinan quién puede protegerse, adaptarse y recuperarse, provocando, a su vez, una mayor ampliación de las brechas de desigualdad preexistentes.
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