La apropiación de la narrativa del pueblo indígena Wayúu alrededor de los elementos que componen su territorio evidencia que la dinámica de relacionamiento entre empresas y comunidades no ha cambiado.
Las palabras de sabedores Wayúu, han sido usadas por parte de entidades y empresas, como el Ministerio de Minas, para dar a conocer y legitimar la implementación de los parques eólicos. Esto se evidencia con el relato anteriormente citado, mencionado en un video informativo sobre Guajira I, el segundo parque eólico en operación en La Guajira, inicialmente llamado Jouktai.
En este video se menciona la palabra molinos como parte de la vida de las comunidades, lo que podría dar a entender que se trata de los grandes aerogeneradores para producir energía. Sin embargo, en realidad se refieren a los que bombean agua subterránea para uso doméstico, ganadero y agrícola en esta zona de escasez hídrica, utilizados de manera tradicional por las comunidades.
De igual manera, las empresas de generación de energía a partir de fuentes renovables como el viento se adueñan también de topónimos y términos del Wayúunaiki (lengua propia de este pueblo) para nombrar sus proyectos eólicos: Jouktai, Jepírachi, Windpeshi, Irraichi, Wakaipa, entre otros. Pretenden así legitimarse en la explotación energética al hacer visible la cultura Wayúu.
En lugar de un diálogo intercultural, esto constituye una forma de violencia simbólica y refleja la distancia entre visiones de desarrollo, que confluyen en medio de la asimetría de poder entre empresas y comunidades. Este mecanismo retórico esconde el desconocimiento de los derechos de las comunidades locales; en este caso, la participación del pueblo Wayúu en las decisiones que le afectan y en la definición y el seguimiento a las medidas para prevenir, mitigar y reparar los daños multidimensionales que pueden derivar de la intervención de su territorio, eje de su integridad étnica y cultural.
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